¿Otro bárbaro desliz del destino?

 
 
El Arte siempre ha existido. Desde que el hombre tiene conciencia de si mismo han habido manifestaciones artísticas. Desde las primeras pinturas rupestres, los dibujos celtas, las cerámicas egipcias, hasta llegar a las nuevas instalaciones interactivas del New Media Art, existe una cronología ininterrumpida entre el Arte y la experiencia humana. Este viaje entrelazado es consecuencia de la inmanencia entre Arte y Humanidad. Existe una evolución del Arte ligada al contexto social. La experiencia artística en un primer momento permanecía vinculada con lo sagrado, con la experiencia chamanística, con el ritual pagano. Más tarde, las religiones imperiales adaptaron esta relación para mostrar la palabra de Dios, la traducción de la Biblia en imágenes para los analfabetos, por ejemplo. Se hacía llegar por medio de la escultura, pintura y las demás técnicas clásicas aquella lejanía, infinita, de Dios. El creciente protagonismo del ser humano, como centro de todas las cosas, la aparición de las nuevas técnicas y las nuevas clases sociales, impulsaron el desarrollo del Artista como sujeto, que acabó devolviendo la multiplicidad de la lectura, el descrédito de la realidad y la aparición del arte contemporáneo tal cual hoy lo conocemos. Sin embargo, aunque la metamorfosis social y estructural del Arte haya recorrido un camino infinito, los sentimientos que nos mueven, nos provocan y nos atormentan son siempre los mismos.
 
La relación del Arte con la Ciéncia es una historia oscilante. Han existido períodos de mayor intercambio y esplendor (Grecia Clásica, Renacimiento, Vanguardias Históricas, ...) junto con otras épocas donde, aunque no inexistente, el intercambio se aparcó temporalmente. Pero la colaboración de la Ciencia y del Arte quizá sea tan antigua como la misma Ciencia y el Arte. El Arte necesita controlar el objeto por el cual se manifiesta, ya sean colorantes, espátulas, ordenadores, circuitos o incluso el propio cuerpo humano. Se trabaja sobre los posibles signos de la tecnología. La Ciencia y la Tecnología son dos caras de una misma moneda, una va a caballo de la otra. Arte, Ciencia y Tecnología es un trinomio prácticamente inseparable, si entendemos Ciencia en su sentido más amplio. Pero los científicos muchas veces sienten este trío poco satisfactorio. Hacer Ciencia es entender Ciencia. Quizá hacer Ciencia sea entender Ciencia, pero a su vez también intentar entender Arte e intentar entender Filosofía, y desde luego, dominar la Tecnología o Técnica. Es sorprendente observar como la sociedad científica actual adora a la Tecnología y basa la corrección en sus métodos experimentales por medio del contraste tecnológico del mundo objectual. Sin embargo, es frecuentemente rechazado cualquier acercamiento estético serio. Sorprende especialmente al descubrir que uno de los significados etimológicos de Técnica (del griego τέχνη Téchne) es precisamente Arte. La curiosidad hacia otras disciplinas genera personas con una formación más potente y eficiente.
 

Ciencia y Arte es una via para una nueva comunicación, no tan nueva pero si muy olvidada.

Haciendo un juego de relación y fantasía podemos viajar a la sociedad árabe de la edad media. Hoy en día conocemos la influencia histórica de la matemática Árabe, a pesar de la quema de libros de las bibliotecas reconquistadas por los cristianos. Fue una matemática esplendorosa pero, sobre todo, reflejo de un ejercicio cultural completo. Se conoce el nombre de matemáticos como Kitab ab-Istikmal (el Rey sabio), Bastí o Abulcasim Asbag Abenmohamed, que contribuyeron a demostrar algunos teoremas que mas tarde se atribuyeron a personajes de la hermandad cristiana. Fuera de Al-Andalus, uno de los matemáticos árabes más famosos fue Mohammed Ibn Musa abu Djafar Al-Khwarizmi (s. VIII d.c.). Fue un gran conocedor de las culturas extranjeras, como la griega y la india, y un gran divulgador y transmisor de sus matemáticas. La misma sociedad seductora que escribía las mil y una noches, que construía palacios con jardines tan hermosos como la Alhambra de Granada, dedicó grandes esfuerzos para comprender la lengua de la Ciencia y devolverla a su vida cultural. En los mosaicos de la Alhambra están representados todos los grupos de simetría espacial en dos dimensiones, como siglos después (1985) descubriría el matemático español Rafael Pérez Gómez al encontrar los últimos cuatro grupos de simetría que nadie antes había detectado allí. Matemáticas básicas y arquitectura unidas por un hilo estético. ¿Una simple coincidencia?, ¿o una decisión cultural?. Quien sabe si el astrónomo Valenciano Jerónimo Muñoz, cuando divisó una supernova en sus estudios astronómicos allá por 1572, también tuvo que agradecer la influencia y las lecturas de las obras árabes rescatadas de la quema y el olvido. Jerónimo Muñoz fue un astrónomo implicado en la defensa de la causa heliocentrista, signo del renacer del ser humano sobre la limitación del dogma, pero la sociedad cristiana repitió la barbarie de la biblioteca de Alejandría sobre las propias matemáticas árabes.
 

La curiosidad hacia otras disciplinas genera personas con una formación más completa y eficiente.

 
Las aplicaciones militares siempre han ido de la mano de la investigación científica. Todas las culturas han usado las nuevas tecnologías para matar más rápido y con más tenacidad al enemigo, de forma que produjeran las menores bajas posibles en sus propios ejércitos. Desde las técnicas de los Hoplitas griegos, pasando por los carros de asalto modernos. Ninguna cultura se escapa, y si alguna lo hiciera nadie la recordaría. Representaría a los aniquilados. La historia se ha escrito a golpe de guerras. El siglo XX abrió un nuevo escenario en este sentido. Más que producirse un cambio cuantitativo en la relación entre técnica y uso militar, entre científico-ingeniero al servicio de la corte de su majestad, se abrió un cambio cualitativo. El poder que hacía brillar a las estrellas, la fusión y fisión nuclear, el mismo poder que Jerónimo Muñoz observó en una noche estrellada, se entendió y se usó para construir una bomba que podía desencadenar el proceso que llevase a la destrucción del planeta entero. El cambio cualitativo también se produjo en términos de científicos involucrados en el proyecto de la construcción de la bomba nuclear (Proyecto Manhatan). Ya no se trataba de un científico aislado. Fue un esfuerzo colectivo, un asunto de estado, una causa social. Los científicos en masa construyeron la más terrible y letal arma que jamás se conocía. Muchos de ellos sintieron el síndrome de Fausto años mas tarde. Ninguna justificación fue honesta. Ni la política, ni la científica, ni la social. Más que el fin de la segunda guerra mundial comenzaba la guerra fría entre EEUU y la URSS. Los habitantes de Hirosima y Nagasaki, fueron las victimas olvidadas a priori. Simple carnaza humana, sin nombres ni apellidos. Fueron datos, números, desvinculados de cualquier interpretación humana. Un mal menor, en el mejor de los casos. Los chillidos de su sufrimiento no se entendieron como la música agónica de una nota musical que llega a su fin, sino como el soniquete del poder. La obra de Isao Hashimoto "1945-1998" es una estupenda visión sobre el impacto de la bomba atómica a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. Las bombas nucleares explosionadas entre las fechas que dan título a su obra (un total de 2053 detonaciones según los datos publicados por la FOI y la SIPRI) aparecen como pequeños colores monocromos y sonidos planos. Pequeñas lucecitas que surgen por el vasto mapamundi. Esta inofensiva vestimenta no oculta el terror que podemos imaginar, los intereses políticos que se esconden entre las detonaciones de distinto color y la ingente cantidad de recursos científicos y tecnológicos puestos en funcionamiento. La cantidad de detonaciones disminuye drásticamente en los últimos años. Parece que la sociedad en su conjunto escuchó y se coordinó para detener la veloz falta de sensibilidad. Aunque debemos estar alerta, las detonaciones no han desaparecido: las últimas en 2006 y 2009 por Corea del Norte. Un país que hoy en día, con el globo terráqueo sumido en una crisis económica y política de gran magnitud, quiere adquirir relevancia internacional en el reparto del pastel de poder. Es muy probable que el elemento que más influyó en el descenso de la frecuencia de detonaciones fuese más un hecho político como la caída del muro de Berlín y no tanto una respuesta de la ciudadanía en general. Quizá ambos. Esta sencilla puesta en escena de las detonaciones nucleares no evita poner los pelos de punta y asombrarnos de la enorme cantidad de lugares tocados por una tecnología de destrucción masiva, muchas de las veces mientras nosotros disfrutábamos de nuestro tiempo de vacaciones, bajo la somnolienta protección de nuestra rutina. ¿Como pudimos permanecer ajenos?. La pieza acaba en un fundido en negro resaltando todas las detonaciones nucleares, dibujando una nueva constelación estelar, haciéndonos recordar la conexión existente entre las estrellas y la física nuclear. Esta pieza abre un espacio para la comunicación y la reflexión que no está mediatizado por ninguna lengua en particular. No ofrece un discurso analítico, pero es un gran motor de recursos verbales. El arte al servició de la reflexión social como catalizador tecnológico, elemento educativo y sublimador de sensibilidades.
 
La aniquilación de la sabiduría es prima cercana de la destrucción de la vida. La quema de libros, por regímenes totalitarios, por orden de la santa inquisición o por cegueras dogmáticas son realidades destructivas paralelos a la siega de vidas humanas. Quizá una lleve a la otra. Una sola causa, la misma ausencia de sensibilidad, actúa como detonante para la munición específica de cada caso. El arte nos lo ha advertido muchas veces, como por ejemplo en el libro y su estupenda película El Nombre de la Rosa, de Umberto Eco y Jean Jacques Annaud, respectivamente. La poesía vuelve a surgir desde la hecatombe. Los libros rescatados de la quema son siempre un tesoro precioso, pero solo son recuperados por el espíritu sensible y comprometido con lo humano, con predisposición al diálogo y a navegar lejos del puerto seguro que representa su propio conocimiento.
 

Ciencia y Arte es una via para una nueva comunicación, no tan nueva pero si muy olvidada.

El diálogo entre disciplinas aparentemente disjuntas, como sucede con el par Arte y Ciencia, devuelve una sociedad más comprometida consigo misma. No solo la Ciencia y el Arte crecerán más, generando experiencias y formas de entender el mundo más ricas y precisas, y por lo tanto mejores, sino que su vínculo con la sociedad podrá ser más estrecho y comprometido. La pequeña pieza Pale Blue Dot de Carl Sagan nos hace reflexionar en esta dirección. La esfera azul, nuestro planeta, quizá ya nos este avisando en su propia lengua, la lengua de Gaia. Quizá la razón deba escuchar al mito Panteísta. La barbarie tal cual la entendemos hoy, parece que es inevitable en el mundo, pero podemos reflexionar sobre qué caminos elegir para mitigarla. Es interesante recordar que el término bárbaro se introdujo en la antigua Grecia con un significado peculiar. Su traducción literal podría ser "el que balbucea". Las lenguas extranjeras sonaban como onomatopeyas incoherentes (bar, bar, bar, ...) para el ciudadano griego. Bárbaro vino a ser sinónimo de extranjero. En un esfuerzo de integración, la sociedad griega llegó a construir un templo para el Dios desconocido. Más tarde, ya en el imperio Romano, bárbaro se aplico hacia aquellos que ignoraban la civilización grecolatina, e incluso la civilización sin más, extrapolando el significado cada vez más peligrosamente. Entender el análisis etimológico de una palabra necesita de la colaboración estrecha de especialistas en campos tan vastos como la historia, la filología y la filosofía. Sin embargo, el historiador del arte también debe colaborar con científicos para estudiar de forma más precisa los restos arqueológicos. Quizá así puedan surgir nuevas visiones etimológicas de las palabras antiguas por medio, por ejemplo, del uso de futuras tecnologías o herramientas digitales. El que balbucea, el de la lengua extraña, quizá venga a apoderarse de nuestros recursos, nuestra historia y nuestra identidad. Deberemos estar alerta para nuestra defensa, ya sea militar, civil o incluso intelectual. Pero quizá podamos sacar gran provecho de su visita y, por medio de la multiplicidad de las culturas, entendamos algo más de la complejidad de la realidad, de la suma de todas ellas. Solo el miedo de un pueblo agresor puede entender la variedad y la interacción como un castigo divino. Sin embargo, es cierto que la comunicación usando lenguas distintas siempre es difícil y puede conducir a engaños. Debemos ser conscientes: no es una tarea fácil.
 
Resulta prudente comenzar el diálogo usando nexos comunes, pero es imperativo entender que la voluntad es un inicio, y poco a poco el esfuerzo de todos debe producir frutos maduros. El debate de las dos culturas que inició C.P.Snow pudo ser una de las primeras llamadas de atención sobre las divergencias culturales y sus consecuencias en nuestra época reciente. En la actualidad los frutos han llegado. Por todo el globo terráqueo están surgiendo redes y sinergias por la colaboración entre disciplinas artísticas, científicas y humanísticas. La sociedad Leonardo lleva décadas apostando por este tipo de estrategias culturales. Redes tan interesantes como YASMIN (Your Art and Science Mediterranean International Network) son un ejemplo del fantástico éxito que estos temas pueden generar, llamando la atención sobre entornos históricamente, políticamente y culturalmente tan dinámicos como lo es la cuenca Mediterránea. Centros y festivales tan singulares como Art/Sci (Los Ángeles, EEUU), SymbioticA (Australia), KZM (Alemania), ArsElectronica (Austria), entre muchos otros, hacen pensar en las grandes posibilidades que están surgiendo por medio de la interacción entre artistas y tecnólogos. En España han surgido y siguen surgiendo muchas de estas iniciativas, desde Madrid (Madialab-Prado, Medialab), Valencia (grupo Laboluz, Sala Parpalló, revista Mètode, asociación Piratas de la Ciencia), Barcelona (Artnodes, Centre SantaMónica), Cuenca (MIDE), Gijón (centro Laboral), citando solo unos pocos. Sigue, sin embargo, faltando la voz de muchos científicos. ¿Hasta que punto los científicos van a involucrarse en estas dinámicas?. Las experiencias con estudiantes de ciencias en los centros Art/Sci (Los Ángeles) y en Santa Mónica (Barcelona), por citar dos ejemplos, pueden hacer pensar que el reto puede focalizarse sobre el estímulo creativo del cambio generacional. Los caminos del diálogo siempre necesitan estrategias aplicadas y eficientes. Sin embargo, como en el caso de la película documental de Julio Medem La Pelota Vasca, siempre se echará de menos la participación de los ausentes.
 

Es cierto que la comunicación usando lenguas distintas siempre es difícil y puede conducir a engaños. Debemos ser conscientes: no es una tarea fácil.

Ciencia y Arte es una vía para una nueva comunicación, no tan nueva pero si muy olvidada. La unión de las sensibilidades. Es el binomio de una quinta fuerza de la naturaleza, la fuerza que combina la responsabilidad dual: lo útil con lo inútil, el grito con el silencio, el sentir femenino con el masculino, la voz con la escucha, el pasado con el presente, el que enseña con el que aprende, lo bárbaro con lo aceptado, el mito con la razón, la luz con la sombra, el recuerdo con el olvido, ... . Lo extraño se entiende como un balbuceo, pero nunca una tecnología se desarrolló sin diccionarios. El mayor de todos los diccionarios descansa sobre la superficie de nuestra pequeña esfera azul. Permanece escondido en alguna parte del planeta, en algún rincón, en alguna gruta ocultada por inmensas montañas. Nunca lo encontraremos, no es posible, pero siempre que lo busquemos haremos uso de él. Sin diversidad no sería necesario afrontar nuestras limitaciones, no podríamos conocer lo alternativo, no avanzaríamos, no caminaríamos, no descubriríamos, y, lo más peligroso, nuestra sensibilidad permanecería letalmente atrofiada. Nuestra propia esfera, que gira, que viene y va, se acerca y se aleja de las estrellas, que nos transporta a lo largo de nuestra vida, si que sabe donde se esconde ese gran diccionario. Pero Gaia no habla en nuestra lengua, ¿es otro bárbaro desliz del destino?, ¿o es un indicativo de la forma de recorrer el camino?.
 
Guillermo Muñoz Matutano
 
 
Bibliografía:
  • Rafael Pérez Gómez “Un matemático pasea por la Alhambra”, Física en Acción 5, 31 (2004).
  • Rafael Pérez Gómez “The four regular mosaics missing in The Alhambra” Comp. and Math. with Appl. 14, 133 (1987).
  • Apuntes de clase “Historia de la Ciencia” (curso 2003-2004), impartida por Víctor Navarro Brotons (Catedrático de la Universidad de Valencia).
  • Isao Hashimoto, “1945-1998”, Pieza multimedia (14´22´´). ( http://www.ctbto.org/specials/1945-1998-by-isao-hashimoto )
  • Carl Sagan, “Pale Blue Dot”, conferencia en la Universidadde Cornell (13 Octubre 1994). Video en youtube:· http://www.youtube.com/watch?v=p86BPM1GV8M.
  • “Tecnología, Civilización y Barbarie”. Coordinado por José Manuel de Cózar Escalante. Ed. Anthopos (2002).
  • C.P. Snow “The two cultures and a second look”, Ed. Cambdridge University Press (1969).
  • Leonardo. The international society for the Arts, Sciences and Technology. Leonardo on-line: www.leonardo.info
  • YASMIN network: www.media.uoa.gr/yasmin
  • Pau Alsina, “Arte, Ciencia y Tecnología”, Ed. UOC (2007).
  • Julio Médem, “La pelota Vasca”, Película Documental, 115 min. Alicia Produce (2003).